Espacio Interior. EXCELCIOR

07-08-2013

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El secuestro es una de las experiencias  más desgarradoras que puede vivir una persona. Su fuerza destructora se extiende hacia los familiares y amigos de la víctima, que de alguna manera también son secuestrados ante la ausencia, la incertidumbre, el miedo, el silencio. En el mejor de los casos, el rescate del secuestrado, la vida nunca vuelve a ser lo mismo para nadie.
Hoy ese delito es otro de los flagelos que azotan a México: desde el secuestro exprés hasta el virtual pasando por todo tipo de variantes que son una verdadera tortura para una familia, podríamos decir que hoy nuestro país pasa, todo él, a estar Secuestrado, con mayúscula.
La película Espacio interior que marca el debut del cineasta Kai Parlange Tessmann, se estrena en diferentes salas de la Ciudad de México y algunas del resto del país. Para su ópera prima Parlange desarrolla un argumento que es un complejo reto por sus características, al retomar la historia real del doloroso secuestro de un joven arquitecto mexicano que a principios de los noventa fue interceptado violentamente cuando salía de misa y recluido durante nueve meses en un cuarto blanco de tres metros de largo por algo más de uno de ancho, en condiciones infrahumanas y en espera de que las negociaciones entre los secuestradores y su familia para pagar un rescate millonario se concretaran.
La historia se antoja ya muy vista en nuestro cine. La violencia, la impunidad, la delincuencia, el rapto, la inseguridad, la incertidumbre. Puede usted pensar que ya no quiere ver más películas sobre el asunto. Pero hay que enfatizar que Espacio interior le da un giro positivo a la tragedia, y construye el personaje de un hombre que supo remontar su desgracia para mantenerse con vida y con la esperanza ciega de que algún día saldría vivo de ese agujero en una situación que puede acabar con la salud mental, emocional y física de cualquiera.
El arranque es muy concreto. Lázaro (nombre más que bíblico “el ayudado por Dios”, y conocido por levantarse de entre los muertos), es sorprendido por unos delincuentes que lo golpean y lo meten a un coche. Cuando despierta está desnudo, tirado en el suelo de un cuarto blanco que será su espacio durante los siguientes nueve meses. A partir de ese momento su único contacto con el mundo serán sus carceleros que están encapuchados, no hablan y usan guantes. No recibe la luz del Sol, pierde la noción de día y noche, lo someten a música a alto volumen durante horas.
Lázaro está interpretado por Kuno Becker que va madurando como actor y se ve más cómodo en personajes que representan un reto que en comedias insulsas. Este rol es un bocado de cardenal para cualquier actor y el trabajo de Kuno es convincente pues carga la película sobre sus hombros, y está en pantalla 95% de los 87 minutos que dura Espacio interior.
Los escasos momentos que se le destinan a la secuencia de la emboscada en la que Lázaro queda a merced de sus captores, sirven para que el espectador se dé cuenta de que el objetivo de Parlange no es hacer una exposición de la violencia que una buena parte de los espectadores mexicanos ya no quieren ver en el cine, sino que lo que busca es integrarnos al encierro de un hombre en situación límite, viviendo la peor pesadilla de su vida y que tendrá que tomar el control para no morir de desesperación.
La narración es un poco dispareja, con buenos momentos en los que nos enlazamos de lleno con Lázaro. Pero una película que sucede en un mismo escenario muy pequeño y con un solo actor, demanda experiencia para mantener al espectador atrapado, lo que sucede en Espacio interior pero no de manera constante.
Lázaro se vale de sus profundas convicciones religiosas y su fe cristiana, se apoya en el recuerdo de su familia, y para ello Parlange recurre a flashbacks y la recreación de los escapes mentales de Lázaro con buen uso de los efectos especiales, para armar el entorno de un hombre que lucha consigo mismo haciendo brotar lo mejor de sí.
La película cumple en su exposición de la sólida voluntad y la fuerza interior de un hombre que está convencido de que “no morirá ni antes ni después de lo que Dios diga”.
Es recomendable. 8/10.